RAÚL kAMFFER, A 20 AÑOS DE SU MUERTE

 
El gran templo, masa de piedra y cal; pesado,
adorno inútil, lujo de sacerdotes
de la noche, crece, crece,
es enorme, aplastará a la ciudad,
va a cubrir el mundo, nada lo detiene,
nace, está fabricándose.
¿Como será cuando debamos alimentarlo? ¡Cuando nos devore!
¡Cuando nos esclavice!
¡Cuando nos beba la sangre!
¿A donde ir? ¿A dónde esconderse?
¡Todo el mundo es el gran templo de Tenochtitlan!
 
Están alistadas, apretadas cuatro hileras de cautivos
de muchas jornadas de largo,
cada hombre amarrado al siguiente
cada hilera dirigida a cada punto del universo,
cada hilera va a la muerte, a cada uno,
las filas cruzan el lago sobre puentes y barcas,
llegan a las montañas, bajan a los valles,
llegan al mar, las filas a sus lados están acompañadas;
los ayudantes del templo, que les dan a las víctimas hongos,
toloache, colorines; para que no tengan miedo,
para que no recuerden las horas,
par que no sientan el navajón cortarles las entrañas;
parientes lloran y los despiden, músicos los celebran,
artistas los pintan, los decoran,
los bailarines, también prisioneros bailando y cantando
se acercan a su final, el camino apesta a vómitos
a excrementos e incienso, a perfumes,
huelen los pórticos de flores,
a sus lados grandes adornos de papel multicolor revuelan.
El sol quema, está sediento,
y llega la noche, las cuatro hileras
se iluminan, cuatro serpientes de fuego
se unen. Forman una cruz
con el brazo que va al sur (a Tehuantepec) más largo.
Llegan las estrellas, y sólo duermen los que fumaron toloache,
los que alucinan con hongos sueñan despiertos
y no sienten el paso de la noche;
pues al amanecer van a morir.
Y amanece, los templos parecen un bosque de quetzales;
Los sacerdotes se apeñuscan en las gradas,
cada uno con ocho navajones, recién cortados,
las telas exquisitamente adornadas de plumas, de jades;
el Emperador con su túnica de grandes turquesas,
las piedras para sacrificios sobre las que se ponen las espaldas de las víctimas
para que su corazón salte fuera del vientre
al hacer un corte abajo del costillar. También
están recién enjoyadas.
 
           De El templo es un bosque de quetzales (fragmento)
 
                                                                                Raúl Kamffer

~ por siemprevueloalsur en 28 octubre, 2007.

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