de Miguel Hernández

         Por tu pie, la blancura más bailable,
donde cesa en diez apartes tu hermosura,
una paloma sube a tu
cintura,
baja a la tierra un nardo interminable.
 
Con tu pie vas poniendo lo interminable
del  nácar en ridícula estrechura
y a donde va
tu pie va la blancura,
perro sembrado de jazmín calzable.
 
A tu pie, tan espuma como la playa,
arena y mar me arrimo y desarrimo
y al redil de su planta entrar
procuro.
 
Entro y dejo que el alma se me vaya
Por la voz amorosa del racimo:
Pisa mi corazón que ya es maduro.
 
             Del Rayo que no cesa
           

~ por siemprevueloalsur en 29 abril, 2008.

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