Alfonso Reyes

 el
sábado 17 de mayo fue el cumpleaños 119 de Alfonso Reyes,
importantísimo aniversario si adicionalmente caemos en la cuenta de que
hemos vivido 49 años sin "Alfonso", 10 sin "Octavio"  y 70 con "Monsi".
   El maestro Maiakovski  a
raíz del suicidio de Serguei Esenin, el más grande poeta campesino, ya
lo hemos dicho en esta Lista de correos, en su ensayo Como se hacen los
versos escribió lo siguiente, acerca de parientes intelectuales y
"celebrantes" oficiosos:
  
   "Me
enteré de la noticia (de la muerte de Esenin) de noche. Mi aflicción
posiblemente hubiera continuado hasta ir calmándose, pero a la mañana
siguiente los diarios publicaron las estrofas de su verso póstumo que
termina así:
 
            En esta vida morir no es cosa nueva,
Pero vivir tampoco es novedoso.
 
   Después de estas estrofas, la muerte de Esenin se transformó en un hecho literario…
   Los poetas de la U.R.S.S. recibieron el
encargo de escribir poemas sobre Esenin…
   Aparecieron
versos, artículos, recuerdos, relatos, y hasta obras de teatro. A mi
juicio el noventa y nueve por ciento de todo es simplemente un bodrio
nocivo.
   Se
publicaron pequeños versitos de los amigos de Esenin. Se podían
reconocer en seguida por la manera de tratarlo. Lo llamaban
familiarmente Sergito. (¿De dónde le ha salido a
Biezimiénski esa palabra tan inoportuna?). "Sergito" como hecho literario no existe. Existe el poeta Serguei Esenin y de él hay que hablar. La introducción de la palabra "Sergito" rompe inmediatamente el carácter del asunto…Y el tema enorme y penoso al mismo tiempo, con la palabra "Sergito" se reduce a un epigrama o a un madrigal. Ninguna clase de lágrimas poéticas de sus parientes le ayudará
. Desde el punto de vista poético estos versos… provocan risa e irritación".
 
   Más
allá de fechas señaladas, si se trata de "Octavio" o de "Monsi", o de
si los dígitos conmemorables terminan en cero o se imprimen en números
mayúsculos  romanos, vale la pena traer al presente los
versos que el poeta Alfonso Reyes dedicó a los antiguos dueños de
México, a su sabiduría que nos regala salud a poco precio, a la
generosidad con que colman de prodigios nuestra vida diaria y se meten
en nuestra sangre y la restauran aún en las peores circunstancias. Esa
presencia viva que desde lo más esencial de nuestro genoma nos dilucida
y nombra.
   Y
como regalo adicional de nuestro no cumpleaños enviamos Sol de
Monterrey en voz del maestro Reyes grabado por el maestro Samuel Martí,
extraído de su archivo fonográfico y digitalizado en los estudios
Fillum por el maestro Fernando "Box" Carrero Caraveo.
  Gracias.
 
 
 YERBAS DEL TARAHUMARA
 
Han bajado los indios tarahumaras,
que es señal de mal año
y de cosecha pobre en la montaña.
 
Desnudos y curtidos,
duros en la lustrosa piel manchada,
denegridos de viento y sol, animan
las calles de Chihuahua,
lentos y recelosos,
con todos los resortes del miedo contraídos,
como panteras mansas.
 
Desnudos y curtidos,
bravos habitadores de la nieve
-como hablan de tú-
contestan siempre así la pregunta obligada:
-"Y tú ¿no tienes frío en la cara?"
 
Mal
año en la montaña,
cuando el grave deshielo de las cumbres
escurre hasta los pueblos la manada
de animales humanos con el hato a la espalda.
 
La gente al
verlos, gusta
aquella desazón tan generosa
de otra belleza que la acostumbrada.
 
Los hicieron católicos
los misioneros de la Nueva España
-esos corderos de corazón de león.
Y, sin pan y sin vino
ellos celebran la función cristiana
con su cerveza-chicha y su pinole,
que es un polvo de todos los sabores.
 
Beben tesgüino de maíz y peyote,
yerba de los portentos,
sinfonía lograda
que convierte los ruidos  en colores;
y larga borrachera metafísica
los compensa de andar sobre la tierra,
que es , al fin y a la postre,
la dolencia común de las razas de los
hombres.
Campeones del Maratón del mundo,
nutridos en la carne ácida del venado,
llegarán los primeros con el triunfo
el día que saltemos la muralla
de los cinco
sentidos.
 
A veces, traen oro de sus ocultas minas,
y todo el día rompen los terrones,
sentados en la calle,
entre la envidia culta de los
blancos.
Hoy sólo traen yerbas en el hato,
las yerbas de salud que cambian por centavos:
yerbaniz, limoncillo, simonillo,
que alivian las difíciles entrañas,
junto con la orejuela de ratón
para el mal que la gente llama "bilis";
la yerba del venado, el chuchupaste
y la yerba del indio, que restauran la sangre;
el pasto del ocotillo de los golpes contusos,
contrahierba para las fiebres pantanosas,
la yerba de la víbora que cura los resfríos;
collares de semillas de ojo de venado,
tan eficaces para el sortilegio;
y la sangre de grado, que aprieta las encías
y agarra en la raíz los dientes flojos.
 
(Nuestro Francisco Hernández
-el Plinio Mexicano de los Mil y Quinientos-
logró hasta las mil doscientas plantas mágicas
de la farmacopea de los indios.
Sin ser un gran botánico,
don Felipe Segundo
supo gastar setenta mil ducados
¡para que luego aquel herbario único
se perdiera en la incuria y en el polvo!
Porque el padre Moxó nos asegura
que no fue culpa del incendio
que en el siglo décimo séptimo
aconteció en el Escorial.)
 
Con la paciencia muda de la hormiga,
los indios van juntando sobre el suelo
la yerbecita en haces
-perfectos en su ciencia natural
 
                                                   Alfonso Reyes

~ por siemprevueloalsur en 19 mayo, 2008.

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